El proceso del mestizaje en Colombia es el resultado de una cultura diversa y rica en manifestaciones y costumbres de distintos orígenes. Marcado fuertemente desde la época de la Conquista, la multiplicidad étnica hace de nuestro territorio un país profundamente diverso. Eso es lo que nos representa a los colombianos ante el mundo: la variedad cultural reflejada en su gente, en sus regiones, en su gastronomía y en sus fiestas tradicionales. Así también lo establece la Constitución Política de 1991, que proclamó con orgullo los derechos de una nación pluralista y libre.
De acuerdo con los datos oficiales del censo publicado por el DANE, el 10.6% de la población en Colombia es afrodescendiente, el 3.4% es indígena y el 0.01% pertenece al pueblo gitano; el 85% restante de la nación es de naturaleza mestiza. Esta fascinante mezcla surge del encuentro de tres grandes culturas fundacionales tras la Conquista: los indígenas americanos (en especial la gran familia Chibcha, primeros pobladores y custodios de nuestro legado precolombino), los europeos (predominantemente españoles) y los africanos, traídos al territorio para labores de minería y quienes consagraron su libertad principalmente a través de asentamientos históricos llamados palenques.
Como resultado de este encuentro histórico, surgieron las distintas clases de mestizaje que hoy enriquecen nuestra sociedad: los mestizos (unión de amerindios y blancos), los mulatos (unión de negros y blancos), los zambos (unión de amerindios y negros) y los cuarterones. A esta base pluriétnica se sumó también el arribo, en menor proporción, de comunidades árabes, judías y gitanas que aportaron sus propios matices a nuestra tierra.
Debido a esta constante mezcla, en Colombia existe una cultura vibrante y reconocida internacionalmente por la calidez excepcional de su gente. Desde los ritmos musicales que contagian a cualquiera, hasta los platos preparados con ingredientes locales ancestrales, cada rincón de este país nos invita a sentir un profundo orgullo. Esta riqueza multicultural ha permitido la variedad de expresiones sociales que hoy nos caracterizan: aquí a nadie le da pena reír o bailar en cualquier momento; al contrario, esa es una expresión natural de felicidad que los colombianos llevamos impregnada en la sangre. Es por ello que cobran vida celebraciones tan majestuosas como el Carnaval de Negros y Blancos en San Juan de Pasto, donde se rinde honor a la diversidad cultural y a la mezcla de razas que define nuestro pasado y nuestro porvenir.
Por: Luis / La Estudiantil Estéreo
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